¿Qué pasa cuando el paisaje deja de ser físico?

¿Qué pasa cuando el entorno deja de ser físico?

En 2007 escribì este texto:

Durante muchos años tuvimos claridad al describir nuestro hábitat; era muy fácil establecer nuestro entorno. Existían dos grandes grupos: quienes vivían en la ciudad y quienes vivían en el campo. Lugares opuestos que aún existen, pero cuyos límites hoy son más difíciles de definir. La tecnología redefinió esos límites; la globalización nos da la posibilidad de estar en cualquier lugar y, al mismo tiempo, en distintos lugares, conectados en línea a experiencias en vivo, realidad virtual y redes sociales.

El mundo en el que vivimos hoy, la tecnología, es el entorno que nos define, que representa nuestra realidad. Un artista puede pasar toda su vida entre su computador, su pintura y las galerías; su realidad se mide en píxeles, con una velocidad de información irreprimible e inconmensurable. La pantalla es la forma en que nos conectamos con el mundo, con un lenguaje completamente nuevo y cada vez más comprensible.

Existe una ilusión abierta: la idea de un espacio que no solo sería visible, sino la prolongación mental de aquello que vemos.

El artista es un “link” entre la naturaleza y la ciudad, entre geografías, entre la imagen digital y la pintura. Los artistas no están solo en los museos; se pueden encontrar en las calles, en el paisaje y dentro de los computadores. La combinación de estos mundos está generando una nueva especie de artistas que funcionan como conectores entre ambos mundos. Están descubriendo un nuevo espacio representado en esta realidad virtual. Hoy en día, dos puntos no solo generan una línea: dos puntos virtuales generan una conexión entre usuarios.

Así es como aparece Web Landscape. Durante siglos, los artistas pintaron lo que veían o creían; pintaron a los dioses, a los emperadores, a los reyes, sus batallas, naturalezas muertas, retratos y paisajes. Hoy vivimos inmersos en internet; nuestra ventana es una pantalla de computador, vivimos en un “web landscape”.

Web Maps es una serie de retratos de redes sociales de internet sobre antiguos mapas de National Geographic de mi abuelo, una mezcla de lo antiguo, la historia y la nueva globalización de internet.

Victor Pellegrini
Connections
Sept 2007

Hoy lo vuelvo a leer y me interesa  no lo que describe, sino cuándo fue escrito.

En ese momento, la idea de que el entorno podía dejar de ser físico era todavía difusa. Hoy es estructural. No solo vivimos en entornos digitales.Tomamos decisiones dentro de ellos. Trabajamos dentro de ellos. Construimos relaciones dentro de ellos.

El cambio no fue solo espacial. Fue conductual. El comportamiento se adaptó al nuevo entorno antes de que lo entendiéramos completamente. Eso es lo que suele pasar con las señales. Aparecen primero como anomalías. Algo que no encaja del todo. Un cambio de hábito. Una nueva forma de interactuar. Al principio parecen marginales.Después se vuelven dominantes.

Las redes sociales son un buen ejemplo. No cambiaron solo cómo nos comunicamos. Redefinieron qué significa estar presente. Antes, estar en un lugar implicaba estar físicamente ahí. Hoy, la presencia es distribuida. Se puede estar en múltiples contextos al mismo tiempo.

Pero también cambiaron algo más profundo. La forma en que validamos nuestra propia existencia.

Instagram, lanzado en 2010 por Kevin Systrom y Mike Krieger, introdujo una lógica simple: publicar y recibir feedback inmediato. El “like” no es solo una interacción. Es una unidad de validación. Una microdosis de dopamina. Si antes se hablaba de los “5 minutos de fama”, hoy podríamos hablar de los “15 likes de fama”. Pequeños momentos de reconocimiento, fragmentados, constantes. No se acumulan. Se repiten. Y esa repetición cambia el comportamiento. Qué mostramos. Cómo lo mostramos. Por qué lo mostramos.

Cuando Meta (entonces Facebook) adquiere Instagram en 2012, por mil millones de dólares, no estaba comprando una app de fotos. Estaba comprando una nueva capa de comportamiento. Una nueva forma de interacción social. Un nuevo entorno.

Ese mismo patrón se repite en otros contextos. Jeff Bezos entendió temprano que internet no era un canal para mejorar el retail. Era un nuevo entorno donde el retail debía existir. Amazon no optimizó la tienda. Eliminó la necesidad de ella. No es la tecnología lo que cambia las cosas. Es el contexto que la tecnología crea. Y cómo ese contexto redefine lo que las personas hacen dentro de él.

Snapchat mostró otra señal. La cámara frontal dejó de ser una función. Se convirtió en interfaz. La identidad dejó de ser algo que se documenta. Pasó a ser algo que se construye en tiempo real. Filtros, stories efímeras, contenido que desaparece. La imagen dejó de buscar permanencia. Pasó a buscar circulación. Eso también es un cambio de entorno.

Hoy estamos viendo lo mismo con la inteligencia artificial. No es solo una herramienta nueva. Es un nuevo espacio donde ocurren cosas que antes no eran posibles. Creación sin fricción. Decisión asistida. Ejecución acelerada. Y como antes, las señales ya están ahí.

La pregunta es si las estamos interpretando como lo que realmente son. No una mejora incremental. Sino un cambio de contexto. Porque cuando el entorno cambia, todo lo demás cambia con él.